martes, 25 de agosto de 2015

Balances a solas

Noches nostálgicas de buena música y soledad, dónde nada más importa que oír el suave ruido de su teclado, como un sonido hipnótico mientras de fondo se oye un poeta hablando de las banalidades de la vida. El sólo ambiente la transporta a aquél tiempo lejano y borroso en qué su única compañía eran las lágrimas y alguna que otra canción triste... Todo antes de que él llegara y la invadiera con su luz, cegadora, reconfortante... Todo antes de que sus pilares se derrumbaran en un irónico escenario temporal de hospitales y batas blancas. 
Noches en qué sus sueños se mezclaban con lágrimas sinsentido por entender que algo estaba cambiando y ella no sabía qué coño hacer para conseguir parar unas gotas que se fundían con su almohada azul sin casi darse cuenta. 
Noches en qué sin quererlo se hizo fuerte, a fuerza de llorar, a fuerza de pensar, a fuerza de gritar en silencio una rabia que no sabía (ni podía) sacar de otra forma para no molestar a nadie, ni siquiera a su propia conciencia que no entendía que estaba pasando enfrente de sus ojos de miel. Su pequeño mundo se desmoronó y tardó años en asimilarlo, en construirse de nuevo un nuevo hogar y una nueva mente que pudiera entender qué había pasado sin que le pareciera una mala película grabada por un director inexperto y cruel, al que sólo le importaba el drama, el lamento, la desgracia, la desesperación...
Noches que se mezclan con un sabor agridulce al recordar cómo salió de tal agujero, gracias a canciones que la empujaban a seguir el camino que llevaba a la superficie, dónde encontró, por suerte, a su más fiel compañero, amigo, amante, TODO. Fue él quién se encargó de ayudarla a flotar en un mar de incertidumbre y a recuperarse de unas heridas demasiado recientes para que empezaran a cicatrizar, a cederle su hombro para que llorara a gusto cuando sus pilares empezaron a manifestar grietas y crujidos, anunciando su fatal desenlace, y en ese preciso instante estuvo allí para que no se hundiera con ellos. Él fue su nuevo pilar (sin reemplazar a los otros dos, vitales). Fue una cuerda por la que agarrarse para evitar que la corriente la engullera en una espiral de lágrimas sin fin. Su luz, su ternura, su cariño, su amor. TODO
Noches en las que, a solas, consigue dilucidar la grandeza de los grandes eventos de su vida, los buenos y los malos, porque al cambiar de década, un balance es necesario, casi una obligación. Ella lo tiene claro, sus últimos años han sido demasiado agridulces cómo para obviarlos en un cajón de plástico roto, quiera o no, la han convertido en la chica que hoy está escribiendo estas palabras, un martes a las diez y cuarto de la noche, sola en su habitación y con Extremoduro de fondo, amenizando la velada. 

sábado, 11 de julio de 2015

Invisibilidad.

Como una tonta seguía viajando por un laberinto de esfuerzo y sudor con la única esperanza de conseguir, al llegar a la meta, una simple aprobación, una simple aceptación o una simple felicitación de alguien que para ella era importante, de todos los que para ella eran importantes. 
Se dio cuenta que el laberinto no tenía ninguna salida después de andar por todas y cada una de las vías posibles al ver que su única motivación se había derrumbado como un muro de hielo del Polo. 
Nadie de "Ellos" se había ni siquiera dado cuenta de que sin querer ella había conseguido todo lo que durante tanto tiempo había deseado, todo lo que hacía tanto tiempo había soñado. Lo tenía todo y nadie se daba cuenta. Estaba sumida en una espiral de confusión, de mezcla de alegría y frustración porque no podía entender cómo todo lo que la rodeaba se hacía "oídos sordos" de sus logros, de su vida... 




domingo, 22 de septiembre de 2013

Llegó.

Todo llega, todo pasa. Alguien lo llevaba tatuado en el pecho con grandes letras, de esas que hacen crujir la nuca cuando te giras a mirarlas, no te dejan otra opción. Y sí, todo llega y todo pasa, es verdad, y solamente  a estas alturas se atreve a admitirlo. Después de meses y lágrimas, ha llegado.


Una habitación grande. Silencio. Coches. Brisa de verano teñida de humo y de las primeras hojas marrones por las aceras. Un lugar recién conocido con el que te vas a acostar la primera noche, de buenas a primera, y sin preliminares. Y es que ese sueño ahora le da un miedo terrible, espantoso, un miedo distinto, una añoranza irreconocible se la come mordisco a mordisco disfrutando su dulce tacto. 
Hasta el mismísimo ayer no se supo dar cuenta que la carrera se había terminado. Había llegado a la meta como la tortuga de la fábula de Esótopo, tranquilamente y, a su pesar, sin darse cuenta.
Como de costumbre se puso su gran armadura de caballero de la Edad Media, cogió su lanza y emprendió el camino hacia la justa, sin ningún miedo reconocible. Pequeña soñadora, mírate ahora. Ni siquiera quieres pararte a pensar en qué deben estar haciendo aquellos a quien no tenía que extrañar, ni siquiera quieres darte cuenta que precisamente hoy no es un día feliz. Medio año de su marcha. Ocho meses del viaje del maestro, y encima estás sola. Irónico, ¿no? Después de la partida de los dos te has quedado vacía; tu corazón perdió dos grandes trozos, y ni siquiera hoy has querido soltar una lágrima por ellos. Un día tu coraza se va a romper, y pagarás sus consecuencias. Hasta entonces disfruta de su protección. Disfruta de que el sol te sonríe porque ellos están a su lado para decirle que tu fuerza vaya a más a cuán mayor luz ves.

Por otra parte está su sueño, que como todos tiene el peligro de convertirse en pesadilla. No lo permitas, pequeña. La añoranza, como la serpiente del jardín del Edén te va a tentar y vas a caer, lo sabes, pero no defraudes a tu nombre y lucha como siempre has intentado. Y ya veréis, lo va a conseguir. Lo va a hacer por ellos, por su ramillete con el que comparte sangre, enfados y risas. Pero sobre todo, lo va a hacer por él. Por su vida. Porque al fin y al cabo es su mayor chute de energía.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Precipicios sinsentido.

Miedo. Un miedo terrible la estaba ahogando. Una incertidumbre metida en una coctelera llena de dudas, inseguridades y una oscuridad desconcertante. 


Siempre había sido de aquellas que, no como otros, consideraba los suicidas unos cobardes de primera. Demasiada gente los consideraba valientes por arrancarse lo único que ellos consideraban que les podía dar resultado para acabar con lo que podríamos llamar "problemas". Pues no. Nada de valentía. Para ella son la cobardía hecha persona. De qué sirve huir de esa manera si después no hay nada. Precisamente la gracia de la vida es la lucha, la superación.

Sin embargo, resulta del todo irónico que justamente ella siempre hubiera sido de ese pensamiento. Ella que ahora que más que nunca se sentía metida en una espiral de lágrimas y cómodos sofás (y chocolate) fuera de las que no creen en la cobardía. Su miedo esta vez la superaba por completo. Se daba cuenta de ello, pero su particular monstruo se había encargado de chuparle todas las energías (positivas y negativas) y su afán de lucha se había escondido bajo su manta. No hay solución y ella lo sabe. Está totalmente sumergida en darse batacazos contra la pared y no se da cuenta que a cada lado hay una puerta por la que podría salir, y sigue intentado hacer un agujero en la pared para ver si de esa manera puede desaparecer ese cóctel molotov que lleva dentro. Simplemente para desaparecer.



viernes, 26 de julio de 2013

El tiempo es un perfecto ladrón.

Hace mucho tiempo que no se sentía con ganas de escribir. El tiempo y otras consumiciones la habían dejado seca de muchas cosas, y de ideas aún más.Quizá había sido aquél invierno tan lento el que había marchitado su potencial, para arrojarlo en folios sin sentido y que seguían quedando como libros perfectamente redactados.

De repente, en un día de finales de julio notó que el tiempo en realidad sólo le estaba jugando malas pasadas. Había dos estrellas más brillando en su cielo y eran de ésas que no se apagan en toda la eternidad. Sentía que al irse ellas las cosas buenas no eran tan buenas, y desgraciadamente sólo las podía compartir con el resto de los mortales. 

Tachar los días en un calendario es algo demasiado rutinario y nadie sabe que en realidad estamos acortando nuestra vida. Es una mierda vivir con reloj, calculando cuántas cosas puedo y debo hacer en una hora. Sin darse cuenta ni de esa chispa que no la abandona.

Siente miedo por el mañana que está llegando y está harta que todo vaya tan deprisa, y es que se está haciendo mayor a marchas forzadas. 
En medio de una casa con quién antes eran extraños, en un cementerio donde antes no había nadie, en una habitación cerrada y con un corazón al que le faltan varios trocitos se da cuenta que ella ya no es esa chiquilla que hace un año soñaba con los imposibles que ahora son realidad, y que en realidad no han sido tan imposibles.
Sigue viviendo en una especie de burbuja, sin querer aceptar que ellos no están, y su viejo yo.. se fue con ellos. Ella sigue sin saberlo.

sábado, 2 de marzo de 2013

El amor existe.

Un ramo de rosas, rojas, su amor. 
Más de media vida compartiendo cada segundo a su lado, mano a mano. Ahora cuando ya queda poco una se da cuenta de lo que en realidad es el amor, visto en otros. Es, un día sí y otro también discutirse, es incompatibilidad, es ser tozudo, es hacer lo que uno no quiere sólo por el otro, y al despertar un 14 de febrero es un ramo de rosas en sus manos. 

Con un cuerpo débil, su amor es aún más fuerte. Son unas manos cogidas de hospital y un no me quiero ir de su lado, y un no te vayas. 

Ahora, que todo acaba, una se da cuenta de que ellos se han querido como nadie. Que a pesar de todo han seguido su camino, pero juntos. Han luchado para conseguir todo lo que querían, y lo han conseguido.
No es fácil decir adiós, y aunque lo disimulen es imposible que solo les quede decir "y qué voy a hacer, es así". Solo les pido ver un último beso, suave, dulce, el mejor de su vida, y aunque sea el último, que traspase esa inútil pared de cimientos indestructibles. Que viva eternamente su amor, porque mientras éste dure, yo recordaré a cada amanecer su historia. 

P.D: no te vayas, cada día te necesito más.

miércoles, 27 de febrero de 2013

el adiós que no sabré (ni quiero) decir.

365 días dan para mucho. Esa cresta de la ola, o la calma anterior a la tormenta han sido el gusto último que su boca ha conseguido saborear antes de la doble recaída.
Primero notó ese suelo frío y oscuro, teñido aún de un negro más oscuro si cabe, ahogando en él su desesperación y su rabia. Ira enjaulada en una mente que buscaba vías de escape para evitar la posibilidad de entender que todo se había terminado, que su aprendizaje de la mano del sublime amador de vinos se extinguía. El suelo del 20 de enero le supo como un caramelo agrio dejando en su boca un aliento apestante y una sensación de esperanza rota de cristal, porque a alguien se le olvidó poner el cartel de FRÁGIL en el delicado envoltorio.
A un mes del batacazo, justo, ni un día más, otra onda expansiva vuelve a asolar su pequeña ciudad particular, formada por tres casas, ahora destrozadas y con las esperanzas puestas en una máquina estúpida.
Parece que las malas rachas siguen un bucle demasiado cerrado como para poder entenderlo y es que cada día una pequeña vela va consumiendo su cordón... se está fundiendo a cada segundo su cera.
No te vayas, necesito mucho más de ti.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Aire enjaulado

Quizá porque hoy ha sido un día extraño, y es que se ha asomado en todo el cielo la lluvia, el sol, el viento y la niebla. Y como algo de lo que dependiera en ella también se ha mezclado ese cúmulo de fenómenos. No pretende llamar la atención, es más, lo odia. Sólo quiere sentirse ella, quiere poder abandonar ese estado de nerviosismo constante y a la vez tan fácil de abandonar... Es un hoy y un mañana, un aquí y ahora, es un ya y un junio que llega mañana de la mano de un ataque de histeria. Es un no tener tiempo para peinarse y mirar las formas de la nubes tan descansadas a veces, que parecen leones enfurecidos a punto de comerse un ratón. ¿Dónde han quedado esos largos paseos interminables? ¿o esas tardes de versos recogidas en una cinta blanca? 
Necesita una bocanada de aire fresco, aunque sea dentro de esas mismas paredes. Ahora está oliendo a podrido y ya nadie se da cuenta.
Estas pocas semanas circula sumida en ella, y es que la marcha de su gran alegría la dejó inerte, en un suelo frío de un 20 de enero. 
Ahora dispuesta a honrar su nombre se levanta pero la gran presión le está ganando y busca fuerzas de flaqueza en su tesoro. 
Sal a la luz, pequeña, pero cuidado, que ciega.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Pequeños detalles

Se da cuenta en ese preciso instante. Han pasado varios años y ella ya no es una niña. Su madre, inquieta y angustiada, la contempla; viste mini falda negra (muy mini) y camiseta de encaje blanca, de escándalo. Como cada año se planta con sus tacones preguntando cómo la ven, si está guapa, pero este año la mirada de su madre está cambiada. Parece de asco o de sorpresa desagradable. Ya no es una niña y está realmente guapa para encantar.

Ella sigue viéndose como esa niña de quince años emocionada por salir el último día del año, elegante, con sus amigos, entusiasmada por sentirse mayor. Hoy se siente realmente mayor. Sabe que en este último año hay muchas cosas que han cambiado y es que sin darse cuenta, todo lo malo le ha sobrevenido, pero lo bueno la ha encandilado hasta el mismísimo día de hoy.

Ha dejado atrás varias personas, otras han decidido, al fin, quedarse. Las que entraron hace un año ya están tan aposentados que ni un viejo huracán logrará arrebatarlos de ese rinconcito acogedor de su corazón, y es que allí están muy cómodos.
Sus "SIEMPRE" siguen ahí. Hoy no van a verse, pero su mente siempre tiene un reservado para ellos y saben lo que eso significa. Estos 366 días no han sido los mejores, los baches eran muy grandes para superarlos pero con ellos siempre es fácil. La han hecho valiente, le han dado ganas de luchar por lo que quería, la han hecho la persona en la que se está convirtiendo. 

ÉL. Este año ha sido suyo. Se lo ha regalado encantadísima. Ha sido ÉL quién ha hecho de un año horrible, un año lleno de lucecitas de colores, de respiraciones entrecortadas entre sábanas, de sudor frío, de golpes de mar y calmadas conversaciones que endulzan el día más trágico de cualquier sonrisa perdida. Se ha convertido en el primero, pasando de largo a platónicos y ranas, a con roce y sin roce. Se ha convertido en el amo de su universo y lo mejor es que él lo sabe. ÉL es quién es capaz de convertir un simple paseo en un día inolvidable; es amante de dar sorpresas simples pero llenas de colores al dibujar su sonrisa en la cara, es profundo al dar suaves besos de madrugada y cosquillas que incitan a un bombardeo. No hay palabras que ella pueda robar a sus libros para definir lo que es ÉL para ella, porque hasta sin aliento la deja. 

Ahora que todo lo de este año se va recuerda como todo no ha sido tan negativo. Se siente acorralada por un miedo inusual por su futuro, aunque sabe que de la mano de todos será pan comido.

Llegarán los disfraces en febrero, los nervios, borracheras y cantadas en marzo y abril, las histerias en mayo y junio, los "¡cuidado!" en julio, los "Feliz cumpleaños y cuidado que ya puedes ir a la cárcel" en agosto y su más aterradora expectativa "Bienvenida a la universidad". Lleva años soñando que este 13 llegara. Lo superará con éxito.

viernes, 23 de noviembre de 2012

some days, some life to remember



Caminando a ciegas, casi como siempre, en un rumbo tan conocido que sus ruedas iban solas, tanto que no tocaban el suelo. Emprendían una ruta inalcanzable sólo con saber el destino que podrían y debían seguir. Un ajustado espacio entre fabricas móviles de humo y aire puro los separaba, un cortísimo espacio de tiempo, entre segundos y meses, seguía en sus trece de parecer inalcanzable y la lluvia, como siempre, les estaba pisando los talones. 

Sentían que ese lugar no era el indicado, pero el gran morbo que sentían al ver su secreto a plena luz del sol, con un toque de cálido naranja los empujaba cada vez más a conducir sus bellos ojos a un mundo de sensaciones, de música en la piel, de rojos de labios, de soplos en la oreja y de voces que acarician. 
Algo más que un café a las tres de la tarde.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Para moder la vida


Sigo sin entender cómo los aviones, tan pesados y enormes, pueden volar tan ligeros como una pluma en el firmamento; sigo sin entender por qué el camino de vuelta siempre se hace más corto que el de ida; por qué el cielo de noviembre es tan precioso a las seis y diez de la tarde y tan oscuro a las ocho menos cuarto de la mañana; por qué sigo guardando las velas de mi décimosexto cumpleaños en mi habitación, ni mis fugaces momentos de locura; por qué la luz de casa de la abuela tiene una esencia que envuelve; por qué tengo la necesidad de contarle cualquier cosa a mi madre para rellenar cómodos silencios.

Hay muchas cosas que no entiendo y que sé que nunca, jamás de los jamases llegaré a entender. Soy muy simple y el horizonte está demasiado lejos para que pueda alcanzarlo. 
Me paso muchas horas persiguiendo realidades intangibles que satisfacen paladares ajenos pero con un regustillo en el mío; suelen ser salpicaduras de conceptos superficiales demasiado importantes para los papeles. Los días van tachándose de las hojas del calendario y ya son 10 los meses que las han arrancado con un embriagador tacto.
Una vez, entre minutos y años, busqué un poema que se preguntaba, confuso pero a la vez seguro, por qué quería a su amor, a su amado. No lo entendía... suponía que era por el tiempo, por el cariño, por las cosas vividas, por ser él. Concluía que no se lo volviera a preguntar más: no sabía responder. El amor es algo demasiado abstracto como para definirlo y, sobre todo, para entenderlo.
La verdad, yo tampoco sé por qué le quiero, o sí... es algo que va más allá, más profundo que el mundo de las Ideas de Platón o las causas de Aristóteles, es algo que ni la metafísica podrá nunca llegar a definir. 

Le quiero incansablemente porque él es el amor, es mi guía, es mi todo. No sé si consigo hacerme entender, porque ni siquiera yo lo hago. Solamente puedo decir que le quiero y para siempre.

miércoles, 24 de octubre de 2012

El escorpión y la rana.

Debe estar en mi naturaleza eso de hacerme la fuerte delante de los que me quieren. Me empeño en disimular y sacar esa vieja sonrisa aparcada para los momentos de urgencia. Mis ojos están cansados de retener agua, mis manos, de aguantar un temblor insostenible. Supongo que siento que los demás necesitan más de mi que yo de ellos, sin darme cuenta que a veces, yo también me puedo sentir mal. 
Cada milímetro de esta insostenible sensación es recorrido por algo que sube, desde mi estómago vacío hasta el cuello, donde forma un nudo sutil, prácticamente escondido entre cuerdas vocales y laringes.
Me empujo a seguir sin mirar ni consecuencias ni causas, todo lo que ese guerrero sin armas, me hizo atravesar, largas guerras inútiles encarnadas en lágrimas de almohada me enseñaron a ser cómo aquél escorpión de la fábula, que no puede luchar contra su naturaleza.  Fuerte... ¿por qué el mundo se rebela contra mí para que intente serlo? ¿Es acaso ser fuerte desmoronarte cuando nadie te ve? Cuando tus más oscuros sentimientos bloquean tu atónito cuerpo quedando inerte, frío, chocando contra muros invisibles y cayendo a cada intento.
Un perdón no es lo que necesito. Necesito poder llegar a ser fuerte, pero de verdad, dentro y fuera de la batalla.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Días mojados de agua salada.

Un día cualquiera, la hora perfecta para que un día empezara a despertarse de verdad, sin nubes enormes y enfadadas tiñendo sus gafas del mismo color que su jersey, a conjunto con esas nubes deformes y irritándose cada vez más. El momento justo para hacer un paseo por un camino de campos verdes y sin respiración. El instante adecuado para hacer de la rutina, unos 3 minutos perfectos.

     - ¿Por qué tu y yo siempre nos encontramos bajo la lluvia?
  + Debe ser que nos gusta mojarnos.

es así, parece que volverá a llover, y será eternamete
Y así era. En días oscuros y desagradables les gustaba hacer de las suyas, no soltarse de las manos ni un segundo. Ser el único punto del planeta dónde brilla el sol, donde las nubes son caricias divinas de sus dedos sin uñas y suaves, donde las gotitas de agua, las infinitas gotas de agua, son lo que sienten el uno por el otro, porque en secreto esa era su mejor forma de seguir haciendo de manos frías, calientes abrazos, de amagos de sonrisas, risas exageradas envueltas en una manta caliente llena de sudores fríos de deseo.

Des de fuera (o mejor dicho, desde dentro) de ese recinto antiromántico los veían, tan dulces y perfectos como siempre, como si el resto del mundo no existiera, como si no estuviera  punto de sonar ese maldito crujir de hierros en varios tic-tacs de reloj. Los dos, ahí, solos en medio de la nada, acompañados solo por el gris de un día de lluvia, lleno de vida solamente para ellos.

El sol sintió envidia de esas dos personitas que brillaban por ellas solas en ese minúsculo punto de la Tierra, y quiso brillar él también saliendo a la superficie para respirar el aire que las nubes, ya más calmadas, le quitaban. Ahora, él ya no estaba. Ella, tampoco. El sol brillaba para todos, menos para ellos; lo suyo es la lluvia y los catarros de media mañana.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Bajo la lluvia, los besos saben mejor.

No acostumbro a hacer estas cosas pero reconozco que he actuado mal. Cuántas veces un silencio es más oportuno que 10000 palabras balbuceadas tontamente y con los ojos puestos en una estúpida pared helados por una brisa demasiado fría para el tiempo que es. Mi nariz huele cada milímetro de su cara, mis ojos revisan su mirada triste y angustiada provocada solamente por mi estupidez.
Mis párpados suspiran poder hacer el escáner de una habitación olvidada durante varios días para encontrarla exactamente como la dejamos: mis zapatillas (muy horteras pero comodísimas) puestas en cruz una encima de la otra, animales inanimados puestos en montón encima de una tela roja que adormece... Al cerrarse -mis párpados- ven otra imagen: un sol abrumador, radiante y lo más curioso es que tenía cara, de ojos claros, sonrisa grande y piel y pelo morenos. Por cierto, no era una estrella del inmenso firmamento, era él. El causante de mis locuras, el causante de que sea una bailarina o una atleta subiendo escaleras, que no pueda parar de reírme o que me sienta una niña pequeña a su lado. Quién me arropa de un frío de septiembre poco común o quién no me deja ni un segundo en la confusión de la noche.
Zas, otra imagen viene como un rayo a mi retina. Él. Yo, La playa desierta. Lluvia. Siento que sueño. Me tropiezo. ¡Dios, es real! Le beso (¡no puedo, ni quiero parar!). Quizás sea mi locura, quizá solo sea mi transformación cuando estoy con él que hace que pierda mi respiración y que con vanos intentos intente seguir la suya, tan pausada y larga; y es que desde que sé lo que es dormir con él creo que no hay cielo mejor, ni paraíso, ni cuentos de princesas. Mis mejores deseos se disolvieron al tener su pecho desnudo como cojín, al tener sus pies rozando mis sábanas que ahora, cada noche lloran su ausencia y lo llaman a gritos reclamando su dulce perfume de invierno con esencias de almendros y flores en caminos conocidos. Cada segundo que vivo tiene más de la mitad de su duración algo relacionado con él, porque hasta un simple chaparrón tiene para mí más significado que cualquier regalo. Prefiero estar con una sudadera y pantalones cortos bajo un cielo oscuro en mi terraza con su dulce sabor  en mi boca que cualquier millón de vanas e idiotas promesas. Siento que mi vida se va si no estoy con él, que pierden sentido mis días si al pasar mediodía aún no me ha deseado un buen día, que nuestros amigos nos sienten suyos y su fuerza en mí hace que yo sea capaz de afrontar mis peores males con una sonrisa en la boca. Vivo por él, y no dudo en decirlo. Lo necesito cada vez más y no entiendo mis tonterías de chica mimada, estúpida y egoísta. 
Soy de las que creen que en el amor, no hay perdones que valgan... si quieres a esa persona no hace falta pedir perdón, automáticamente se olvida sellándose con un dulce beso. Aun así un me sabe mal no está de más. A mi que nunca me pida perdón, no hay nada que perdonar. Te quiero mucho más de lo que cualquier poeta ha podido escribir jamás.



[Caminemos por la arena eternamente, por favor]

miércoles, 8 de agosto de 2012

Adiós, agridulces 16.

Un pez que se muerde la cola, una espiral sin fin, como una caracola. Es algo que nunca nadie podrá explicar; la sensación de envejecer de manera instantánea a la de crecer.
Cómo dijo el sabio: la vida es eso que pasa mientras tú haces otros planes, y no hay nadie que haya podido ni podrá superar la razón que tiene esa máxima. Nos preocupamos demasiado por cosas superficiales: qué pensaran, por qué no me han dicho nada, tengo que ganar ese partido... Cosas que al fin y al cabo, dentro de 2, 5 o 100 años no vamos a recordar, ni siquiera recordaremos el motivo que nos empujó en su momento a actuar de una forma u otra. No recordaremos qué pensábamos cuando teníamos esa edad de la que, en una mesa redonda, llena de gente amiga, a la que quieres, nos pongamos a hablar de nuestras juventudes. Queramos o no, los que estén en esa mesa serán los que sobrevivieron a ataques de nervios, de risa, de lágrimas y de locuras; los que sobrevivieron a un déjame en paz, ahora no quiero o a un ven que te voy a dar un achuchón que te dejaré sin respiración; los que te supieron abrazar para que te sintieras arropada sin tú pedirlo; los que te pidieron muchos favores, pero que con el tiempo te los devolvieron todos o incluso aún no te han devuelto ninguno, pero sabes (algo de dentro de ti te lo grita) que cuando estés en una piscina de olas a punto de ahogarte van a estar ahí para sacarte sana y salva de una asfixia parecida a otras que no implican agua.
Hablo des de la distancia, cómo si en vez de una década y poco más , tuviera 50 años y ya tuviera la vida hecha y ya solo me limitara a adorar la familia, los amigos, el trabajo y todo lo que, de verdad (de la buena) vale en este sendero.
Pero aunque me sé la teoría y sé que algún día podré en práctica todo lo que he dicho, hoy por hoy, reconozco que soy incapaz de conocerme a mí misma y buscar en mí lo que creo que debe valer la pena. Hoy, reconozco que estoy más preocupada por esa visión que tengo de todo un año.. y es que TODO ha cambiado tanto... Llevo más de tres años viendo como el mundo -mi mundo- ya no es él, se ha transformado y se está convirtiendo en un ejercicio de retentiva en el que tienes que controlar las personas, momentos, instantes que van entrando y saliendo de una minúscula casa, sin olvidar ni un momento quién o qué ha salido o si se ha quedado en la entrada, sin querer salir, pero a punto de hacerlo. Recuerdo perfectamente quién había en un principio, quién de ellos decidió marcharse y quién quedarse, aunque con unas condiciones que no son las que me gustaría (mi cabeza es incapaz de asimilar tanto cambio). Recuerdo cada instante, cada baile, cada risa, cada lágrima, cada abrazo vivido a su lado. Sé que a millares de kilómetros reconocería su tacto, su caminar o su voz y sé que ellos igual. Todo ha cambiado sí, pero la vida nos ha enseñado a todos que quién no quiere no olvida, y yo no estoy dispuesta a olvidar nada de ellos, de mis pequeños malvividores.
Del mismo modo que no olvido esos habitantes de mi corazón, no me voy a cortar al decir que hay nuevos compañeros en él y que rápidamente se han asentado en él, se han encontrado cómodos en el sillón de mi tambor. Han entrado tres pequeñas muñequitas que me han curado todas las heridas que me he hecho en todas mis caídas durante el año (sí, ¡un año!), me han puesto una mantita encima en esas horas interminables llenas de palabras resonando en nuestras cabezas y me han abanicado bajo un sol abrasador; han caminado junto a mí en largos pasillos blancos y hemos comido helados y crepes y pizzas sin preocuparnos de las calorías de las que unas vamos sobradas y otras van tan faltadas. Hemos hecho de canciones, NUESTRAS canciones y locuras, muchas locuras en una salsa llena de risas y abrazos, tonterías y alguna que otra lágrima.
En una de estas entradas he encontrado lo mejor que tengo la suerte de tener: la suerte de mi vida. He encontrada a ese ÉL que tanto muestran en las películas y que todas las princesas de mis cuentos de pequeña tenían. He encontrado a mi mejor amigo, a mi hombro en el que llorar y en el qué poner la cabeza cuando tengo sueño; el motivo de mi sonrisa y de mis locuras; el que me lleva a la luna solamente con su voz susurrada a mi oído; con él que pasaría la eternidad, y al que nunca podré terminar de darle las gracias por soportarme hasta cuando ni yo puedo verme.
Entre tanto cambio, los hay de otro tipo... dos (o mejor dicho, tres) velas van consumiéndose lentamente ante mis ojos y mi impotencia. Cada segundo que se come el reloj es una chispa menos en su fuego, es el humo transportado por el viento tan lento, tan impassible.
Hoy al levantarme no he encontrado ningún folio felicitándome, no he encontrado un abrazo camuflador detrás de la puerta ni un beso dulcísimo después de desayunar... Puedo empezar a intentar asumir que las cosas han cambiado y que yo.... yo, he crecido.


[perdón por si la entrada es muy larga... la necesitaba]

sábado, 14 de julio de 2012

Somni d'un estiu

Por un mínimo instante sintió que todo era como antes: salir, risas, abrazos, canciones balbuceadas a voces desafinadas. Sintió un abrazo conocido, una caricia amiga, unas voces que eran ya propias. Pero todo tenía un tono diferente, ya no eran de ese color verde pistacho ni un rojo pasión. Era un rosa desgastado, un verde pantano, echado a perder.
Miró a ambos lados. A la izquierda estaba su pasado. A la derecha su presente. Hacia dónde tenía que mirar para encontrar ese futuro que tanto miedo le ha dado siempre. Ese no querer abandonar el pasado ni renunciar al pasado. Esas ganas de dominar el tiempo, esas ansias de luchar por conservar algo que indescriptible resultado de roces incontables, agridulces, ese hambre de devorar el presente tan dulce y tan verdadero que se nota a flor de piel, que la envuelve y la transforma en una parte de sí que ella no conocía pero que le encanta.
Por ese mínimo instante sintió que ese pasado era su presente y su presente no existía. Por ese mínimo instante creyó que todas esas angustiosas rocas se habían esfumado de su camino. Por ese mínimo instante se sintió arropada por el mismo abrigo viejo de siempre, por ese abrigo azul oscuro con flores rosas en las mangas. Ese mínimo instante... no cambió nada.

lunes, 2 de julio de 2012

hay mil millones de estrellas.

Otra vez ese deseo de huir vuelve a inundar su mente, descolocada totalmente. Otra vez y sin motivo desearía vivir en una caja tonta y ser vista por millones de ojos clavados en una pantalla. Otra vez y con unas ganas desgastadas le gustaría cambiar de vida, ser otra. Ser una Marian, una Kate o una Sue. Ser alguien de quien no se desprende una sombra dulce y vulnerable, ser una foto de una boca con un cigarrillo a centímetros de unos carnosos labios que huelen a libertad. Ser la imagen de un fuego vivo reflejado en unos ojos acribillados de rímel. 
Dar un cambio radical a ese libro que antes de escribirlo, lee entre venas y neuronas, de lecciones de vida sorbidas a gotas de alcohol, que por otra parte, extrañamente prueba. De consejos que en esa carretera paralela ni los tendría que pedir. De chaquetas llenas de bolsillos donde guardar algo más que recuerdos tiernos, donde poner un pintalabios que recuerde cada uno de los besos que robó. De casas gigantes desocupadas que no existen más que en su habitación y su almohada. De desiertos que cada mañana visita. De luces de colores a media noche. Sí, otro mundo, otra vida, una reencarnación imposible.

- Si en estos días os notan cambiados, estos días habrán valido la pena -dijo una voz.

Estoy notando cómo mis deseos de ser otra se agudizan en periodos en que mi sol se ha ido de paseo en un achicharrante aparato. Algo en mi cambia y me muestra a mí misma odiándose y deseando ser otra en cada momento. Ser un amor de película, ser una actriz desmadrada, ser alguien radicalmente externo a mí. 
Estos días de los que hablaba esa lejana voz han servido para darme cuenta de que a pesar de que me veo igual, de que mis deseos improbables (como estoy comprobando ahora mismo) siguen ahí, que sigo soñando en vivir rodeada de papeles, que soy un nervio andante en verano y lo más estático que existe en invierno, pero que por primera vez he conseguido sentir el placer de vivir donde vivo, de estar en el lugar y en el momento, no el adecuado si no en un "aquí y ahora" sin importar las circunstancias. De estar en paz conmigo misma, mientras otros desnudan sus cuerpos al son de una música sin sentimiento. Una sensación de que a pesar de estar rodeado de gente que conoces relativamente poco, o mucho dependiendo de la perspectiva, eres la única alma inocente que existe y que por primera vez sabes que eres transparente que si crees en los sueños pueden hacerse realidad, y a pesar de los deseos de huir, de cambiar, de ver las horribles verdades que se asoman descaradamente, tú en un pequeño rincón del universo puedes sentirte en paz.
Quizá el conjunto de experiencias vividas solo sean eso, experiencias pero, como tanto nos repitieran con unas dosis de razón enormes, no se volverán a repetir. Las circunstancias son las que son y siempre estarán, diferentes pero estarán allí y si no seguimos esa corazonada, ese quiero y debo hacerlo se va a quedar en un deseo reprimido y esa duda del qué hubiera pasado, qué hubiera sido vivirá eternamente con nosotros.

Quizá esta entrada marque un antes y un después en mi manera de escribir, quizá no. Necesitaba exteriorizar algo que desde muy dentro me pedía a gritos salir. Yo, he cumplido. Veremos el resultado.

miércoles, 27 de junio de 2012

Los débiles deben morir.

Vulnerable, como una maldita mariposa de alas de cristal, como una escalera de madera vieja, como un pájaro con las patas heridas sin poder tocar nunca tierra, en un vuelo permanente y eterno. Frágil como una estatuilla de cristal tintado de azul de encima de una vieja chimenea o unas flores de plástico en el borde de un fuego de llama viva. 
Vulnerable, como una mujer desnuda dentro de una bañera después de recibir un batacazo emocional, como ella misma ahora estaba. Mareada, con los ojos cerrados y sin fuerzas ni para pedir ayuda. El aire se vuelve espeso.Fuertes dolores de estómago. Pesadez de cabeza. Pulmones del tamaño de un garbanzo; el corazón cogiendo el trote. 
Sin más aliento que el eco de su propio aire que le devolvía una tétrica cortina de baño, con dibujos infantiles. Tras varios vanos intentos de subir hasta dónde ella consideraba el cielo en ese momento y que no era otra cosa que el grifo de la ducha consigue alcanzarlo y con gélidas gotas de agua se moja su exhausto rostro, empapado de la sal de su querido mar. 
Poco a poco esa sensación va desvaneciéndose con la misma fluidez que los chorros de agua inundan su cuerpo desnudo, pero el recuerdo de la misma es tan fuerte, tan duro que a cada imagen que ve, un pinchazo le recuerda su estado anterior. Lo sabe, esa sensación la va a perseguir cada día hasta que descubra la fuente de ese indeseable mal.

lunes, 25 de junio de 2012

lejos de todo

Indescriptible es la sensación que se siente al volar por encima de las nubes, de estar allí y aún así oír ese ruido parecido al de una avispa a punto de atacarte y perder la vida, hasta que para de repente y sin esperarlo. Como la avispa suicida decidida a dirigirse a ese punto clave del cuello en el que sabe que va a pasar los últimos segundos de su ínfima vida. Increíble es saber que cada uno de esos segundos han sido deliberadamente improvisados y calculados para que todas las células de ese fragmento de piel vayan a sufrir el aguijonazo. Porque esa sensación es como el fin del mundo. Es un querer y poder. Es un apaga la luz y cierra los ojos que te veo igual. Es un tengo una barrera y un me la paso por el forro, voy a llegar a ti. Es un despierta que quiero dormir a tu lado.Es un oh, hemos visto una película entera. Y es un te vas a quedar sin camiseta. Es un color miel infinito, o un color marrón oscuro, profundo.
Porque aún quedan muchas tardes de encontrar pañuelos bajo la almohada, de abrazos pedidos, de caricias robadas, de besos innegables.   

jueves, 31 de mayo de 2012

Ironic.

Hay que ver cómo es la vida. Un momento como otro, risas, juegos y dulces besos. 
Música, por favor. Empieza, ¿cuál es? No sé, la encontré. Déjala, me suena mucho; oh, no puede ser... 



Una melodía tranquila, una voz aguda: Alanis. Sus sabias palabras se cuelan indiscretas en mi mente y me llevan directamente a un día de hace unos años tumbada encima de la cama con la sola compañía de un viejo casset azul con esa dulce voz llegando a mis orejas y la suya, la de aquél a quién ahora ya sí que no puedo negar que le quiero hasta lo más extremo, pero sí, le he tenido tanta rabia como tanto le quiero. 
Ojos cerrados y dejando que el sonido me acariciara la piel al mismo tiempo que un suave olor a incienso se hacía hueco en mi nariz. Esa cálida sensación de sentirme de allí, de que solo esa habitación existía, llena de historias, CDs y papeles desordenados, de palabras llenas de experiencias, de historias llenas de vida. 
Transportada y con aire despistado vuelvo al tiempo presente; han bastado unos segundos en la carrera al pasado para impregnar mi cerebro de una sensación que hacía poco ya había sentido con otra canción wind of change.
Qué irónica es la vida. El hombre que más quiero en este mundo me ha redescubierto esa hermosa canción que tanto me recuerda a ese a quién quiero tanto, el que fue mi referente, a quién, a veces y en secreto, he odiado.