domingo, 21 de agosto de 2011

Desorden veraniego

Quedan dos semanas de este maravilloso verano que estamos aún disfrutando. Un verano, ¿por qué no? Diferente.


Nos lo hemos comido, nos lo hemos pasado de fiesta en fiesta, de pueblo en pueblo, de casa en casa. Ha sido increíble la rapidez con que pasa.


Ha sido un verano de cambiar el día por la noche; de irse a dormir cuando sale el sol y levantarse cuando se pone; de arreglarnos, vestirnos, maquillarnos para acabar muertas de calor, despeinadas y sin ni una pizca de maquillaje en nuestras cansadas caras.
Ha sido un verano en el que he viajado; he conocido lugares nuevos y he vuelto a algunos ya casi olvidados. He conocido muchas historias de estos lugares y de otro tipo de historias. He visto algún que otro fantasma. He visto películas de miedo. Hemos comprado 14 cubatas. Me he puesto ropa que era de mi madre cuando tenía mi edad.
Me han dejado; he llorado, he llorado mucho y sola. He hecho amigos nuevos y he fortalecido mi amistad con los viejos. He ido en bici donde no pensaba que llegaría. Me han presentado a gente. He conocido, también mejor a mis amigos, observando desde otro punto de vista. He hablado, mucho. Me he aburrido, y también he estado largas horas delante del ordenador. Casi no he encendido la tele. He nadado. Me han dado una fiesta sorpresa; me he vuelto un año mayor; me han tirado a una piscina con ropa y por la noche. He ido en bus. He discutido. Me han castigado. He repasado de la escuela. No he sabido qué ponerme. He hecho muchas fotos. He echado y echo de menos. He visto a personas que hacía 13 años que no veía y no pude despedirme de ellas. He vuelto a sentir esa estúpida esperanza de cambio. Me han ayudado y me han apoyado. Me han abrazado y besado. También he besado yo. He bebido agua salada y he tenido agua en las orejas (¡cómo molesta!). He mirado un cielo infinito lleno de estrellas y el mismo, vacío. He visto la luna en todas sus formas y la he visto irse con nosotros a dormir para dejar sitio a nuestro querido Lorenzo. Me han hecho un blog. Me he saltado algún que otro STOP. He hecho muchas cosas que no había hecho nunca y todas las quiero repetir. Pero este verano , sobretodo, he bailado y he reído mucho, muchísimo.


Aunque lo mejor ha sido compartirlo con todas mis princesas y mis proyectos de hombres preferidos.
Son esas personas que consiguen que cada día, cada fiesta, cada momento sea único, irrepetible y especial.


Sé que el próximo no va a ser igual pero espero que todo lo bueno de esto verano sea lo malo del siguiente.
Sí, quedan dos semanas pero quería hacerme un resumen a mí misma de lo que han sido estos ESPECTACULARES tres meses y aún nos queda. Seguro que me he dejado muchas cosas. 
Chicas, chicos, gracias. Lo voy a echar de menos.







viernes, 19 de agosto de 2011

ELLA. YO.

La angustia le corroe por dentro. Ahora no ve más allá de esas risas vacías y punzantes de hoy, pero hoy ella no reía con los demás, era el objeto de ellas.

Se siente devorada por ese extraño sentimiento que aún no sabe identificar.
Está cansada de ser ella, de ser ese conjunto de cuerpo, alma y mente. Desearía desaparecer y encontrar lejos de aquí su lugar, su soñado sitio, dónde ella pudiera sentirse ELLA, sin necesidad de que nadie le recordara que es diferente, lo es y le gusta pero hasta cierto punto y parece que a todos les cuesta pillar ese punto donde termina la gracia y empieza a ser desagradable.

Puede (y es) que no siempre sea así y que no siempre se sienta igual pero en estos momentos, sin necesidad, se odia a sí misma por ser como es. Gran error. Aunque ella lo ve, sabe que no puede cambiar lo que siente, por mucho que quiera y lo intente.

La han comparado con otras y ve que, parece que muchos quieren que cambie,que se convierta en lo que son otras, quieren que sea otra, igual que las demás. Pero ella es diferente y no quiere cambiar; "cada uno es como es -piensa ella- ¿para qué quieren que cambie? ¿Para contentarlos a ellos?"

Ahora tiene miedo de que la presión tenga más fuerza que ella y acabe haciendo lo que desean los demás. Sería ahí donde se fallaría a ella misma y ya nunca encontraría ese extraño lugar al que ella cree que pertenece.

martes, 16 de agosto de 2011

Tus dudas son mis dudas



Una infancia vivida, años de vernos día a día y sin darnos cuenta de que un día de ellos veríamos en nosotras aquellas personas en las que confiar, en las que encontrar ayuda, apoyo, consejo. En las que encuentras miradas cómplices, risas tontas y no tan tontas, carcajadas por tonterías y, a veces, alguna que otra lágrima que la una seca a la otra con un beso o un gran abrazo.

Minutos de música llena de significado y emoción pueden describir perfectamente lo que sentimos y sin saberlo, al escucharlas, sabemos lo que siente la otra y entendemos que nos necesitamos.
Esas canciones hermosas junto a esas letras que penetran en nuestro sensible músculo rojo nuestro nos indican que solo son una de esas partes de nuestra especial amistad, estas son el signo de ella, nuestro himno.
Me has enseñado tanto y lo que espero que me enseñes.

Somos muy jóvenes (apenas unos dulces 16) y queramos o no nos asaltan muchas dudas; no sabemos lo que sentimos y nos confundimos. Sin embargo, sabemos reconocer una buena amiga en nosotras.
Estas dudas nos hacen comernos la cabeza (cosa normal, ¿qué haríamos sin ellas en nuestra cabeza?)  nos hacen estar confusas, distantes y es cuando o alguien se da cuenta o tú explotas. Ahí siempre voy a estar yo para aconsejarte, ayudarte, darte mi opinión (a veces, muchas, equívoca) o sonreírte.

Nuestra telepatía es única y ya no nos hacen falta miradas para saber lo que una piensa, para entendernos. Es lo que me gusta de nuestra amistad; un silencio nos basta. Es más sencillo de lo que podemos imaginar. Eso es nuestra amistad: SENCILLEZ.

domingo, 14 de agosto de 2011

No hay sonrisa sin lágrima




No te das cuenta y el tiempo pasa demasiado rápido, imperceptible ante nuestros confusos ojos que ya no saben dónde mirar. No ven que cuando tú quieres detener el tiempo ellos deben pararse a admirar la pureza, la alegría, la emoción del momento y no sólo centrarse en transmitir a tus secos labios,  helados de frío, lo que acaban transformando en una frase suspirada: " ¡Qué rápido pasa el tiempo!".


Tendríamos que entender de una vez que el tiempo siempre sigue un mismo curso, no elige pasar rápido o lento, solamente pasa siguiendo su ya conocida ruta; somos nosotros con nuestros sentidos los que, como una ilusión de mago, le damos velocidad o le aminoramos el paso.


Tendríamos que entender que no podemos volver atrás ni tampoco acelerar. Vivir cada momento al máximo, suena a tópico,lo sé, pero.... ¿hay filosofía mejor?


No podemos evitar el paso del tiempo al igual que no podemos evitar la marcha de alguien, la primera gota que cae de una nube al empezar a llover o que se contagie la risa de un bebé.


Pasa que a veces estos momentos que tenemos que vivir al máximo (CARPE DIEM dirían los romanos) a veces son amargos, ácidos y en ese instante no quieres disfrutarlos, quieres pasarlos tan rápido como sea posible, sin darte cuenta de que son esos los que en realidad hacen que tú puedas sentir que un buen momento es bueno de verdad.


Sí, todo pasa, tanto lo bueno como lo malo, y lo único que podemos y debemos hacer es caminar de la mano del tiempo, nuestro aliado y enemigo a la vez.

martes, 9 de agosto de 2011

¡Resaca dieciseisañera!

Siempre me he preguntado cuál es la mejor forma de demostrar que alguien te importa. He pensado que puede ser un simple gesto o palabra aunque después lo analizo y veo que estos signos pueden ser falseados fácilmente.

Pienso que a todos los seres humanos que habitamos este increíble planeta: grandes, chicos, buenos, malos, altos, bajos, guapos, feos.., nos gusta, alguna vez, que se nos demuestre lo que importamos a los demás y ver lo mucho que se nos quiere.
Ver cada persona que está a tu lado y sentir que verdaderamente le importas, se preocupa por ti, te apoya, te ayuda, te anima, te seca las lágrimas, te saca una tímida sonrisa, pero no sólo están en lo malo (aunque es ahí donde se ve quienes son) también están en los mejores momentos de tu existencia recordándote por milésima vez que te quieren y están dispuestos a demostrarlo.

Esas personas (las mías, los mejores, lo mejor que tengo) decidieron demostrármelo de la mejor manera que hubiera podido imaginar. Uno de mis decenas de deseos se cumplió.
Me hicieron feliz en mi día especial. Hacía 16 años que había nacido y casi nunca me había sentido tan especial y tan querida como en ese instante en que sonó "cumpleaños feliz" de Parchís y salieron todos de sus escondrijos como niños pequeños jugando a escondite o conejitos saliendo de su madriguera.

Esas caras nerviosas al no poder más de impaciencia. Esos ojos brillantes en todos ellos. Esas risas contagiosas que no se podían despegar de nuestros labios.
Mi corazón latía rápidamente y aún más cuando vio mi vida junto a ellos enfrente de mis emocionados ojos. Mi regalo, mi precioso, dulce, emocionante y querido regalo.

Respiración cortada, palabras trabadas, pura emoción, fueron mi respuesta a sus palabras.

Fue una noche mágica en la que hice una cosa que nunca había hecho antes y estoy dispuesta a repetir. Una noche pintada no de estrellas, si no de nuestras risas tontas y contagiosas antes de irnos a dormir y un bello y cálido despertar en un paraíso; nuestra felicidad.







Para mí, esta ha sido la prueba de que ELLOS me quieren, ya lo sabía pero no creí que mereciese tanto. ¡LOS AMO!