Los días ya se han acortado, el sol no brilla hasta las diez de la noche, ahora prefiere irse a dormir más pronto, como yo. En este momento, me asomo a mi ventana y aunque enfrente solo tenga casas extendiéndose por todo el pueblo, veo que aún queda un poco de ese precioso verano ya esfumado, lo noto en el ambiente.
Pensándolo bien, no es de ese verano del que detecto estos restos, son de algo que surge de mí, de dentro, algo que me empuja a sonreír sin más, a tener ganas de bailar y chillar, de ir a pasear, de ir a ver a mi familia y decirles que en estos momentos estoy contenta, de cantar canciones que no me sé y dejar de estudiar para ponerme a bailar como una loca enmedio de mi habitación una canción que ni siquiera me gusta sin pensar que tengo las persianas abiertas de par en par y puede (como otras veces) que mi vecino me vea. Hoy, sinceramente, me da igual. Todo me da igual.
Tengo ganas de rockear toda la noche y tener fiesta cada día (I wanna rock 'n roll all night, and party every day!). Hoy más que nunca he enloquecido escuchando a Kiss.
Quizá toda esta explosión de ¿alegría? sea un error, puede que me esté equivocando, pero quiera o no, ha sucedido y seguramente se repetirá, y sí, lo acepto, quiero que se repita. Extrañaba la sensación de estar en mi mundo, con mi música (no muy habitual entre mis amigas), con una voz en mi cabeza y una imagen en mi mente: un vídeo que se reproduce y al acabar vuelve a empezar.
Sí, mi mundo, cuando estoy contenta, es salvaje, rockero en el que su banda sonora sería de AC/DC, KISS, Guns 'n Roses... Aunque puede que a simple vista no sea muy correspondiente con mi imagen, pero, sí lo es y me encanta que sea así.
Puede que haya vuelto a caer (en su red), sé que tengo que poner los pies en el suelo. Aunque mi mundo sea volador y celestial, iré con pies de plomo. Tendré cuidado. Lo prometo. Pero no puedo evitar estar feliz.


